Cuando Luke Skywalker acabó con el Emperador se encontró con que le quedaba poco trabajo que hacer. Afortunadamente, la nueva república galáctica le ofreció una buena prejubilación. Pero a un hombre tan acostumbrado a las aventuras, tanto tiempo libre le comía por dentro.
Para sobreponerse, montó un negocio de ingeniería de robots y nosotros hemos contactado con su empresa para que nos envíe unos ejemplares de R2D2:
Este pequeñajo responde a nuestra voz (tiene más de 40 comandos). Hay que hablarle en inglés, así que ya tenéis de paso una manera de practicar el idioma. De todas formas, el muchacho es muy listo y se va acostumbrando a nuestra manera de chapurrear el idioma.
Eso sí, al igual que en la película, es un “pequeño cascarrabias”, y un cabezota. Conoceremos su estado de ánimo según el color de una de sus luces y los sonidos tan característicos que emite (y cuando está enfadado se pone rebelde y no quiere obedecer). ¡Tendremos que encontrar nuestros truquitos para levantarle el ánimo!
Tiene sensores de ultrasonidos, infrarrojos y térmicos, con lo que podremos jugar con él a diversos juegos, como el escondite. También le podemos poner a bailar… unos días más alegremente y otros menos (Luke dice que para el próximo modelo les está enseñando la danza del vientre).
Y como puede memorizar recorridos y unas pinzas en las que cabe una lata, hay quien lo tiene de servicio doméstico, trayendo latas de la cocina, con su delantal de bordaditos y todo.
Vamos… ¡toda una maravilla y privilegio tecnológico que nos acerca a ese “Galaxia muy lejana…” ! El pobre Luke está que no da a vasto con su empresa… ¡y eso que ya no tiene edad para tanto estrés!








