Robots humanoides de Hiroshi Ishiguro: máquinas, ¿inquietántemente humanas?

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Se llama Ibuki, tiene 10 años y entre sus pequeñas manías de peque destaca el hecho de mirarse las manos como si todavía no supiera bien cómo funcionan. Lógico, si tenemos en cuenta que Ibuki no resulta un niño corriente japonés, sino la nueva creación del equipo de ingenieros que dirige el profesor Hiroshi Ishiguro en el Laboratorio de Robótica Inteligente de la Universidad de Wakayama.

Ibuki comparte los rasgos propios de la línea de robots humanoides diseñados por el equipo de Ishiguro. Piel sintética, expresiones faciales que imitan a la perfección los gestos humanos y movimientos de cabeza, cuello y brazos muy similares (no llegando, eso sí, a la precisión exacta de los robots de Boston Dynamics). Aunque a diferencia de sus hermanos mayores, Ibuki consigue reconocer las caras de sus interlocutores humanos así como realizar expresiones faciales que no esperas.

A lo que se suman la detección de voces, lugares y horas del día y el reconocimiento de ciertas situaciones cotidianas en las que participamos los humanos. Un sistema de inteligencia artificial pensado, según el profesor Ishiguro, para comunicarse e interactuar con personas.

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El padre de Ibuki resulta una eminencia en el campo de la Inteligencia Artificial gracias al diseño y fabricación de robots humanoides que a más de uno le podrían inquietar si los ve de cerca. A diferencia de otros robots japoneses como Pepper, Nao o Kirobo, los humanoides de Ishiguro bien podrían participar en las series Westworld o Humans.

Muestra de ello, Erica – acrónimo de Erato Intelligent Conversational Android-, una joven de pelo castaño y rostro con forma de corazón que nació en 2014 para mantener conversaciones con seres humanos. Hace apenas un año Erica recibió una actualización que le permitía mover la cabeza, el cuello, los hombros y los brazos.

Según Dylan Glass, ingeniero de la Universidad de Osaka y del equipo de Ishiguro en el proyecto, este robot humanoide consigue comunicarse con una persona de manera totalmente autónoma, de ahí que para el desarrollador sea una de las máquinas más avanzadas en Inteligencia Artificial.

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«No es realmente una persona, pero podemos interactuar con ella como si fuera una de verdad. No está viva, simplemente está ahí. Y tú puedes conectar a nivel social con ella de manera subconsciente. Es por esto que los robots que tienen forma humana sean tan diferentes al resto de robots», explica el ingeniero en una entrevista a Al Jazeera.

El profesor Ishiguro y su equipo no son los únicos en adentrarse en la fabricación de un robot humanoide. En 2015 Toshiba ofreció un puesto a Aiko Chihira, una mujer japonesa de más edad que Erica y que recibía con una sonrisa a aquellos clientes que entraban en la tienda Mitsukoshi de la marca.

Aiko era capaz de entender y hablar el japonés y el chino y conocía a la perfección la lengua de signos japonesa. Sus 43 motores le permitían realizar todo tipo de gestos faciales humanos. No obstante, Aiko apenas sabía caminar y no estaba programada para atender las dudas y preguntas de los clientes, como sí hace ya el robot Pepper.

Robots humanoides de Hiroshi Ishiguro para el cuidado de personas mayores

Según la teoría del valle inquietante – término acuñado por el profesor Masahiro Mori en 1970-, cuanto más parecido tenga un robot a una persona reaccionaremos de forma más empática, a no ser que percibamos en el mismo una distorsión que nos haga rechazar al humanoide por completo. En el caso de los robots del profesor Ishiguro, de la humanoide de Toshiba o del robot Sophia de la compañía Hanson Robotics parece sobrepasar dicho valle.

Pero el hecho de ver a un robot humanoide y que no nos eche para atrás no implica que en un futuro podamos llegar a verlos en la recepción de un hotel o de presentadores en un evento. Al menos en Occidente, donde se debaten cuestiones tales como si los robots deben contar con personalidad jurídica o cuántos puestos de trabajo acabarán ocupados por máquinas.

Según el propio Ishiguro, los japoneses miran la robótica con mejores ojos debido a las propias características de la sociedad: una cultura más homogénea y confiada, acostumbrada a abrazar pronto las nuevas tecnologías. «Mira los smartphones. No podíamos imaginar el uso tan grande que tienen. Probablemente es lo mismo que ocurrirá con los robots, incluso si no crees en la posibilidad de [tener] un robot», señalaba el profesor en Al Jazeera.

Sin olvidar la tendencia de los japoneses a equiparar con un alma o consciencia a los objetos, de acuerdo con el profesor de la Escuela de Cultura Comparativa de la Universidad Internacional Cristiana de Tokio, Christopher Simons. «Aunque sea una sociedad profundamente agnóstica, retiene profundas conexiones y a menudo inconscientes de la historia de Shinto [donde] todos los objetos, incluso las piedras, pueden tener un kami – espíritu o divinidad [en japonés]», argumenta.

¿Y quiénes podrían abrazar a los robots con apariencia humana? Las personas mayores. Según explicaba el experto en Inteligencia Artificial, Japón resulta una sociedad envejecida y a la hora de entablar una conversación los ancianos se sienten más cómodos con un robot. Ya lo atestigua el personal de una residencia de la ciudad japonesa de Natori, donde emplean al robot Telenoid para comunicarse y acompañar a los ancianos. Robot, por cierto, desarrollado también por el equipo del profesor Ishiguro.
robots humanoides de hiroshi ishiguro robot telenoid
Con un peso de 2.7 kg y una altura de 50 cm., a diferencia del resto de humanoides del investigador, éste es asexual y no dispone de manos y pies. Un rostro que observa al anciano y se comunica con él gracias al micrófono y la cámara que portan. Pero lejos de generar rechazo en los mayores, según las enfermeras, ayuda a los residentes a ser más empáticos.

Más o menos humanos, los robots humanoides de Hiroshi Ishiguro, al igual que las máquinas de otras compañías, aspiran a servir de herramienta en múltiples campos. Porque, como bien señalaba la robot Sophia en una entrevista a La Vanguardia, robots y personas nos necesitamos los unos de los otros.

Imagen principal: nrkbeta

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